lunes, 10 de febrero de 2020

APOPYANDO LA LAECTURA EN DISTINTAS ESCUELAS



La alegría de la literatura, a través del proyecto IFAIC llegó a varias escuelas

En noviembre de 2018 mi proyecto "Fabulosos", libro de cuentos para niños de 10-12 años en adelante, fue seleccionado Por el IFAIC (Instituto de fomento de las artes, innovación y creatividades) para que ejecute mi proyecto (escriba el libro) y lo socialice en varias escuelas.
Eso hicimos. hablo del plural porque tuve un pequeño equipo de trabajo, mi familia, a la que agradezco su aporte.
Ahora sí al grano. Dos de las escuelas visitadas fueron, 4 de Octubre (Provincia del Guayas, Parroquia Los Lojas). Muy buena recepción. Allí se les contatron diversas historias que para nuestrafelicidad fueron del agrado de los chicos. 
 Y lo mejor, cuando el trabajo se junta con el cariño, todos apoyan. Y a través de la licenciada Marcia Bajaña pudimos encontrarnos un sábado. Niños y lector. 



Semejante actividad se realizó en la Fundación Regala, un día domingo.A través del Sr. Jorge Jaramillo. Se realizó la motivación a la lectura y entrega de los cuentos a cada uno de los niños.
En total, más de 120 niños entre ambas instituciones.
Gracias Literatura, no sabes lo que siento... o quizás sí? cuando uno sale de este tipo de eventos y conduce hacia su casa con el corazón lleno de seres que brincotean allí adentro.



jueves, 22 de agosto de 2019

Conversatorios en colegios Mercedarias y J. Piaget de la ciudad de Portoviejo








Linda experiencia. Como siempre, me encuentro con preguntas inteligentes y un ambiente de fiesta. Es una dicha para un escritor saber que tiene grandes lectores, y que uno puede aportar, en algo, para el futuro de ellos.
La obra fue Viaje al cràter Ngorongoro. Realizaron murales, pinturas, maquetas. Excelente. 


domingo, 19 de mayo de 2019

Soldado G3113 en colegio República Dominicana de la ciudad de Bogotá



Me llegan estas fotos de la profesora Francy Olmos del colegio República Dominicana de la ciudad de Bogotá. 
Seleccionaron mi libro Soldado G3113 para lectura en voz alta y luego los alumnos realizaron una presentación el el patio de la institución. Celebraron el Día del idioma y reflexionaron sobre una situación: la guerra. 
Una gran satisfacción para mí el aportar con mis letras. Y con un pequeño vídeo para esos valiosos estudiantes. Gracias profe.







lunes, 18 de marzo de 2019

sábado, 9 de marzo de 2019

Conversatorio en el Museo Nahín Isaías 27 febrero

El miércoles 27 de febrero 2019 se dio un conversatorio con Clara Medina, conductora. Hablamos de literatura, de mis inicios (empecé a ser lector de cómics a los 6 años), y redacté mi primera novela a los 14. Conversamos del empuje que han dado los premios, ademàs de las experiencias con las editoriales. Un público hermoso, solidario, una noche de abrazos con amigos, escritores, estudiantes, etc. Gracias Literatura. Participaron también el escritor Andrés León y mi hija, Alejandra Behr, como protagonista de una de mis novelas, Casita Casona.









jueves, 1 de noviembre de 2018

Esos cuentos maravillosos







ESOS CUENTOS MARAVILLOSOS
PARTE II   (Por Hans Behr)

La entrega anterior la culminamos con un autor nacional (José de la Cuadra y su memorable Guásinton, uno de los cuentos donde es notorio el adelanto en los caminos del realismo mágico). Iniciaremos entonces, esta segunda parte con cuentistas ecuatorianos.  Este artículo guarda una regla básica. Transmitirles, por qué estas historias, en algún momento, se me volvieron imborrables.
     “Un hombre muerto a puntapiés”. El cuento se centra en que el personaje (y narrador al mismo tiempo) ha leído en el periódico que un hombre ha muerto a puntapiés. Así de sencillo, sin detalles de lo ocurrido. Solo una nota que refiere que la víctima era “vicioso”. ¿”Vicioso”?  Allí Palacio, influenciado por sus estudios en leyes, nos va armando, mediante la inducción, con ironías y certezas, los posibles eventos que llevaron al homicidio. Sutilezas psicológicas. Esto es justamente lo imborrable de la historia. Su reconstrucción certera, policial, a partir de dos fotografías que le son facilitadas por el comisario. Cabe resaltar, el llamativo nombre del obrero, el estilo de narrar,  la sonora forma de describir la violencia: “Epaminondas, así debió llamarse el obrero, al  ver  en tierra a  aquel pícaro,  consideró que era muy poco castigo un puntapié,  y  le  propinó  dos  más, espléndidos  y  maravillosos en el género, sobre la larga nariz…. ¡Cómo debieron sonar esos maravillosos puntapiés!
Como el aplastarse de una naranja, arrojada vigorosamente sobre un muro; como el caer de un paraguas cuyas varillas chocan estremeciéndose; como el romperse de una nuez entre los dedos; ¡o mejor como el encuentro de otra recia suela de zapato contra otra nariz! Así: ¡Chaj!”. Un cuento con mucho sonido.

     De la época de los grandes cuentistas ecuatorianos, tenemos a Joaquín Gallegos Lara, quien formara parte del conocido Grupo Guayaquil. Escritores comprometidos con los temas sociales y determinados a mostrar la realidad del cholo montubio, sus jergas populares, sus palabras y normas, su forma de vida, etc. Se adiciona la crudeza del relato, directo. Y aunque tenemos mucho material, cito el cuento “El Guaraguao”, el cual, además de formar parte de muchas antologías nacionales e internacionales, recoge todo lo dicho anteriormente. Repasemos el inicio: “Era una especie de hombre. Huraño, solo. No solo: con una escopeta de cargar por la boca y un guaraguao. Un guaraguao de roja cresta, pico férreo, cuello aguarico, grandes uñas y plumaje negro… Un guaraguao es, naturalmente, un capitán de gallinazos”.  Desde ya, el cuento atrapa desde el comienzo. Como lector, me asaltó la pregunta, ¿cómo así este hombre pudo “domar” al gallinazo? ¿Dones especiales? El personaje, apodado, chancho-rengo, negro de finas facciones, nos responde: “–Lo recogí de puro fregao...Luei criao dende chiquito, er nombre ej Arfonso”.  Y así nos enteramos que el gallinazo no solo lo ayudaba a cazar garzas sino que tenía un nombre propio. Arfonso. La historia es corta, directa, el hombre es emboscado y herido mortalmente, en la noche, por unos ladrones. Desde ese momento aparece lo sobrenatural recogedor: el guaraguao no sólo defiende a su “amigo” de los ladrones, sino también que lo cuida de sus congéneres, que querían picotearlo una vez que murió. El final es imperecedero: “El olor incitaba el apetito de los viudos. Vino otro guaraguao. Alfonso, el de Chacho-rengo, lo esperó, cuadrándose. Sin ring. Sin cancha. No eran ni boxeadores ni gallos. Encarnizadamente pelearon. Alfonso perdió el ojo derecho pero mató a su enemigo de un espolazo en el cráneo… Volvió la noche a sentarse sobre la sábana…Ocho días tarde encontraron el cadáver de Chancho-rengo. Podrido y con un guaraguao terriblemente flaco –hueso y pluma– muerto a su lado. Estaba comido de gusanos y de hormigas y no tenía la huella de un solo picotazo”.

     Encontré “El diamante tan grande como el Ritz” de F. Scott Fitzgerald, en una antología de cuentos de terror. Presenta 11 capítulos, lo que lo convierte en un cuento largo o pequeña novela. Otro punto, es que la historia no es precisamente de terror, según algunos críticos es difícil de clasificar, ya que ronda en la aventura, en lo policial, la intriga y el suspenso. Pero lo que sí aseguro es que, a medida que corre la trama, se vuelve inquietante e impredecible. El resumen es el siguiente: Un joven estudiante  John Unger es invitado por su amigo Percy Washington a pasar las vacaciones en el suntuoso e inaccesible hogar de su familia. Situado en unas montañas rocosas entre Estados Unidos y Canadá… “en los únicos ocho kilómetros cuadrados del país que no aparecen en ningún registro”. John, ni el lector, tienen idea del peligro que está invitación encierra. Sin embargo, a través de una de las hermanas de Percy, con quien John empieza a frecuentar y a enamorarse, descubre que la lujosa residencia (baños temperados, salas de cine, zona verde para caminatas) está sobre un enorme diamante, el más grande del mundo… y que, debido a ello, todo invitado no podría salir vivo de allí porque divulgaría el secreto del diamante. Usualmente, por información de su amiga, las víctimas eran “dormidas” para poder asesinarlas, antes de que terminara su período de visita. En ese momento, John Unger sabe que ha firmado su sentencia de muerte, y el lector recibe de un solo impacto una tremenda carga de ansiedad para conocer el desenlace. Asunto que no les contaré, sino más bien, para quien no haya leído la historia, lo haga.


     Finalmente, quiero hacer referencia a historias infantiles, juveniles. No quiero dejar de lado “El principito” de Antoine de Saint-Exupéry, por la trama y las frases poderosas que uno encuentra en sus páginas: "Si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Para mí serás único en el mundo. Para ti, yo seré único en el mundo". "No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo".  O que tal esta: "A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial". Releí esta obra varias ocasiones, sólo para degustar esa profundidad (alcanzada también en el cómic de Quino: Mafalda). En este ámbito, no descarto a “El príncipe feliz” de Oscar Wilde, con un inicio certero: “En la parte más alta de la ciudad, sobre una columnita, se alzaba la estatua del Príncipe Feliz”. Una historia llena de ternura y amistad, ya que, por intermedio de una golondrina, y a pesar del crudo invierno, la estatua del príncipe feliz va obsequiando todos sus zafiros y adornos de oro, a las personas que en el pueblo padecían alguna necesidad. Al final del relato, la estatua y el ave han entregado todo lo que tenían, incluyendo sus fuerzas. Y allí radica lo hermoso de la historia. Lo que queda siempre, lo que uno “se lleva”, son las obras que hacemos a los demás. 

Revista Suridea casa de la Cultura N0.33



https://www.casadelacultura.gob.ec/index.php?ar_id=23&issuu_id=195&imagen_para_facebook=imagenesrevistasissuu/suridea-33.jpg&title=Revista%20Suridea%20N%2033&palabrasclaves=Revista%20Suridea%20N%2033

sábado, 31 de marzo de 2018

Una suave brisa en mi rostro (minicuento infantil que se publicó en la FLI Quito 2017)









UNA SUAVE BRISA EN MI ROSTRO

     Como no pudiste vencer el tiempo, y te fuiste haciendo viejito y se te formó un bigote canoso (asunto imposible de imaginar cuando eras joven y fuerte), y te cayeron enfermedades propias de la edad, hasta que te marchaste para siempre al reino de los perros dichosos, tampoco creo que podrás engañar a la muerte, para venir un ratito a mi lado, darme unos ladridos y dejar que te acaricie como lo hacía siempre.
     Recuerdo, ahora que corro en el parque para disipar la pena, que viniste una mañana similar. Había una ligera llovizna. Y del norte llegaba un delicioso aroma  de chocolate, producto de las fábricas que había en ese lugar. La camioneta que estacionó en el recinto de la Defensa Civil traía cinco hermosos cachorros. Como yo llevaba tres años laborando en la cruz roja,  tuve la primera opción. Había dos bóxer, dos labradores, y un pastor alemán. Sin dudarlo, me decidí por ti, eras el pastor que  había querido siempre.
    Enseguida te puse un nombre, el nombre de un perro al yo admiraba en mi niñez, porque era el actor principal de una serie televisiva, Corre Joe Corre. Se trataba de un perro k9 (la máxima calificación en entrenamiento animal). En cada capítulo debía ayudar a las personas que encontraba, y al mismo tiempo, escapar de la policía por un crimen que no cometió.
    Así que te puse Joe. Como el perro actor.
    Creciste flaco, como un pajarraco. A los 8 meses tuve que llevarte de nuevo a los aposentos de la defensa civil, donde se efectuarían los entrenamientos caninos. Tres meses de encierro. Mi único temor era que alcanzaras la calificación más alta, ser un k9, porque entonces sí te hubiera perdido. Porque los canes que lo logran pasan a las fuerzas especiales y son usados para detectar droga, explosivos y luchar contra delincuentes.
    Tu calificación te ubicó como perro rescatista de personas atrapadas en edificios, guía de ciegos, guardián, y sobre todo, buen amigo.
    Varias veces tuvimos que realizar labores de salvamento. Nuestro equipo lo completaba: Alejandra, la enfermera, que te llamaba Marujini (recuerdo que una vez la hiciste caer por quitarle un helado), Pablo, el médico, quien te llamaba Capitán del ejército de los pastores alemanes.  Paula, la encargada de las transfusiones, que te decía alegremente Pirata, y Juancho, el de logística, que no era muy  amante de los perros pero que de vez en cuando te regalaba una pelota de tenis. Tú no te molestabas por tantos nombres con tal que esas palabras vinieran con cariño.
     Una vez, en el 2010, nuestro gobierno nos envió a Haití, cuando ocurrió el terremoto. La misión: rescatar a personas atrapadas en los edificios derrumbados. Yo te guiaba por los escombros, y tú olfateabas. Aguantábamos el calor y el sol. Eso no nos podía vencer. ¿No es así? ¿A cuántas personas descubriste para notificar con tus ladridos la presencia de sobrevivientes? El número salió en los periódicos, nueve personas, entre ellas, una mujer embarazada que no paraba  de llorar y abrazarte, y 3 niños.  Otros perros también lograron lo suyo y el gobierno de Haití los condecoró con una medalla a la valentìa, la misma que fue colgada con honores en nuestras oficinas de la cruz roja.  
     Para estar en forma, corríamos todas las mañanas, aunque a veces en las tardes, o en las noches. Luego hacíamos las prácticas que necesitabas. Saltos, búsquedas de objetos con el olfato, arrastres y giros.
     Vimos muchos amaneceres, enfrentamos a jaurías de perros. ¿No habrás olvidado a ese enorme perro rojo que vino directo a atacarnos? Pero tú inmutable, lo esperaste, levantaste tu cuerpo para soportar la arremetida, y sólo eso bastó para que el gran  rojo, notara la fuerza de tus patas. Lo venciste sin una sola mordida. ¿Y el día de la gran tempestad?  Fue fabulosa y tétrica. Nos agarró una tarde, cuando nos faltaba poco para llegar a casa. El cielo se desgajó, y los rayos caían a derecha e izquierda. Jamás mostraste temor. O quien sabe. Pero mientras estuvieses conmigo te sentías protegido, aunque el verdadero protegido era yo.
    ¿Y a dónde dejamos nuestro secreto? Ese de usar nuestro entendimiento, instructor-perro, para dar espectáculos gratuitos en diversas escuelitas, algunas de niños humildes. Otras de ricachones. Aquello no nos importaba. Todos tienen problemas. Quizás el niño pobre no había desayunado esa mañana, o de pronto el niño rico extrañaba la separación de sus padres. Pero el malestar quedaba atrás mientras te veían saltar, caminar en dos patas, hacerte el muerto, buscar un objeto entre el público, y por último darme un empujón para que yo (ese día convertido en el payaso Trapo, bola roja en la nariz incluida), cayera de cabeza en un balde agua.
     Tuve la suerte de ser tu dueño.
    Tu dueño, amigo y compañero, y a veces, tu papá, al menos cuando, cansado de algún trajín, me depositabas cariñosamente el hocico sobre mi pierna, como si quisieras encontrar un hoyo para estar allí, y yo te rascaba la cabeza y te daba las gracias por darme la oportunidad de convertirme en un mejor ser humano.
     Ojalá lo logre.  Te lo deberé a ti.
     Así fueron tus últimos días. La veterinaria dictaminó insuficiencia cardíaca grave. Te acompañé hasta el final. Jugamos  a la pelota y hasta inventamos un rap, el que quedó grabado en mi teléfono celular. Fue fácil hacerlo porque mientras yo cantaba, tu ladrabas (imagino para que me calle), pero a la larga parecía que cantábamos juntos.

    He terminado de correr. Entiendo que eso debió haber sido lo que me hubieras dicho, en caso hablaras. “No te rindas amigo”.
    Lo sé.

    Hay una lágrima en mi rostro, tiene una coloración azul. Y en eso me maravillo que un perro de tamaño mediano, todo peludo y descuidado, sale de entre los matorrales, me ladra un par de veces, mueve su cola, deja que lo acaricie en el lomo, y se va alejando a toda velocidad, mientras una suave brisa con olor a chocolate me llega al rostro.