miércoles, 16 de julio de 2014

LA CUARTA ESTRELLA







Luego del Mundial Italia 90, donde la selección alemana obtuvo su tercera estrella, merecida por cierto, se presentó en USA 94. Hizo pocas variantes en el plantel, y acudieron los Klinsmann (quien logró echar abajo la maldición de que el campeón vigente no ganaba en el partido inaugural, y lo hizo ante Bolivia (1-0)), Matheus, Voller, Brehme, en fin.  Llegaron a cuartos de final, y fueron eliminados por una de las “sorpresas” del torneo, Bulgaria. Pese a estar Alemania ganando el partido, Stoitchkov y Letchkov voltearon el marcador en apenas 3 minutos, 75 y 78. En Francia 98 faltó renovación, se trató de hacer un mix con jugadores experimentados y otros nuevos, uno de ellos era Bierhoff que se juntaba a Matheus y Klinsmann, y volvieron a caer en cuartos de final frente a la “sorpresa” del torneo, esta vez Croacia (era su primera participación en estas lides, luego de la desintegración de Yugoslavia), al mando de Suker, goleador del torneo. A fin de cuentas, la historia se repetía nuevamente. Viene entonces el Mundial Korea Japón y la selección alemana aporta caras nuevas, Kahn, su capitán, Neuville, Ballack, Klose. Pero aportar caras nuevas no implicaba tener un gran equipo. Entonces aplicó lo que aplican los equipos grandes cuando quieren avanzar: hacer daño en el momento oportuno aunque el partido demuestre un panorama desalentador (sino, como para establecer un comparativo: revisar los pasos que dio Italia en los primeros juegos de España 82 o en Alemania 2006, en especial ese partido casi surrealista contra Australia al ganarlo inmerecidamente al minuto 90 +5 y con 10 hombres). Supo vencer a Paraguay, USA y Corea con la mínima diferencia, y en la final, ante un inspirado Brasil, Oliver Kahn tuvo la falla que recordaré toda mi vida y Ronaldo pasó factura. El resto fue manejo del partido. De mi parte, desde pequeño, siempre había querido temido un partido Alemania Brasil. Se dio, y esas fueron las consecuencias.
   Para Alemania 2006, empieza a surgir una constelación de jóvenes jugadores que no pasaban de los 22 años: Podolski, Mertesacker, Lahm, Scweinsteiger, que se juntaron a los Klose y Ballack. Para esta cita mundialista guardo un recuerdo agridulce: el último partido que vi con mi padre de la selección alemana, algo que para él era casi tan sagrado como tomarse un café en las mañanas, fue el que se jugó contra Polonia. Fue el 14 de junio. En dicho Mundial fue la gran batalla con Argentina, un juego que empata Klose al minuto 80 (quizás su gol más importante) y la definición de penales con el famoso papelito que fue subastado luego en un millón de euros. Esta vez la selección alcanza la semifinal donde es derrotado por su archi enemigo bestia negra “tu papá” Italia. Y es dicha selección la que se lleva la copa en su “casa”, vengándose de la copa que Alemania se llevó en la suya. En Sudáfrica 2010, se incorporan nuevos jugadores jóvenes que se juntan a la experiencia ganada de los “muchachos ya crecidos”, fueron Neuer, Khedira, Boateng, Kross, Muller… van de 20 a 24 años (ojalá que un día Ecuador apueste por la juventud en estos eventos (entiéndase que los haga jugar) y no a la experiencia oxidada). Realizan un gran torneo y chocan con el muro de España en semifinal, e igual que en el Mundial anterior tienen la obligación de jugar por el tercer puesto, el partido al que yo llamo de la humildad.
  Este, resumido en pocas líneas, fue el camino recorrido, lágrimas, esfuerzos, avances interesantes, renovación, levantarse cuando hay que hacerlo y no perder la fe en lograrlo. Al menos ese es mi análisis. Ah.. y no llorar por los que se lesionaron. No depender de ellos. Para Brasil 2014, los muchachos que se cuajaron en dos mundiales, perdiendo en semifinales, y aún sin pasar de 30 años muchos de ellos, utilizaron todo lo aprendido. Y por si fuera poco el técnico siguió incorporando jóvenes (ojo con esta enseñanza): Kramer (puesto en la final y sacado por K.O.), Mustafi, Gotze (autor del gol más importante de la copa y a máxima velocidad, algo que tuvo en sus pies Palacios el argentino, todo estuvo en no matar bien la bola con el pecho, allí la diferencia), Schurrle (autor de 3 goles en el Mundial y del pase gol a Gotze). Todos de 22 y 23 años. Ese es el secreto de la cuarta estrella, juventud explosiva y veterana, entrega del equipo en cada momento, cambios apropiados, y estrategias para cada partido. Después de 24 años, salud campeones.